Editorial | La urgente necesidad de elegir la vida: Estado del Bienestar frente a la lógica belicista

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En un mundo marcado por la incertidumbre y la proliferación de conflictos, la tentación de recurrir a la lógica belicista como respuesta a los desafíos globales se presenta como una sombra amenazante. Sin embargo, ceder a esta peligrosa inercia significaría hipotecar el futuro de la humanidad, desviando recursos vitales de aquello que realmente construye sociedades resilientes y pacíficas: un Estado del Bienestar robusto y universal.

Es innegable que la seguridad es una preocupación legítima. Pero la verdadera seguridad no se construye únicamente con ejércitos poderosos y arsenales sofisticados. Se cimienta en la salud de su ciudadanía, en la igualdad de oportunidades para su desarrollo, en el acceso a una educación de calidad, en la protección social frente a la adversidad y en la garantía de una vida digna para todos y todas. Estos son los pilares fundamentales de un Estado del Bienestar sólido, un escudo mucho más efectivo contra la inestabilidad y la violencia que cualquier despliegue militar.
La lógica belicista, por su propia naturaleza, consume ingentes cantidades de recursos económicos, humanos y tecnológicos. Inversiones masivas en armamento, operaciones militares costosas y la reconstrucción posterior a los conflictos drenan presupuestos que podrían destinarse a fortalecer la sanidad pública, a impulsar la investigación científica, a combatir el cambio climático, a erradicar la pobreza y a promover la inclusión social. Cada misil lanzado, cada tanque desplegado, representa escuelas sin construir, hospitales sin equipar y programas sociales sin implementar.

Fortalecer el Estado del Bienestar no es solo una cuestión de justicia social y equidad. Es una estrategia inteligente y pragmática para construir sociedades más estables, cohesionadas y pacíficas. Una población sana, educada y con sus necesidades básicas cubiertas es menos vulnerable a la radicalización, al extremismo y a la desesperación que a menudo alimentan los conflictos. Invertir en el bienestar de la ciudadanía es invertir en la prevención de la violencia, en la construcción de puentes de diálogo y entendimiento, y en la creación de un futuro donde la cooperación y la solidaridad prevalezcan sobre la confrontación y la hostilidad.

La historia nos ha demostrado repetidamente que la paz impuesta por la fuerza es una ilusión efímera. La paz duradera se construye desde la raíz, abordando las causas profundas de la desigualdad, la injusticia y la exclusión. Un Estado del Bienestar fuerte es una herramienta poderosa para atacar estas raíces, ofreciendo oportunidades, esperanza y un sentido de pertenencia a todos los miembros de la sociedad.
En este momento crucial de la historia, la humanidad se encuentra ante una encrucijada. Podemos elegir seguir el camino de la confrontación, alimentando una espiral de violencia y desconfianza que solo conduce a la destrucción y el sufrimiento. O podemos optar por una vía alternativa, priorizando la inversión en las personas, en su bienestar y en su futuro.

La elección es clara: apostar por un Estado del Bienestar robusto y universal es apostar por la vida, por la paz y por un mundo más justo y habitable para las generaciones venideras. La lógica belicista solo nos ofrece un camino de dolor y desolación. Es hora de elegir la vida.

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